viernes, 28 de agosto de 2015

CAPÍTULO 1

La Gozadera de Gente de Zona suena por todo el recinto del Zoco, situado muy cerca, de la Plaza Bohemia. Aunque las tiendas estaban repartidas a lo largo de las dos plantas que constituían el pequeño complejo comercial de La Manga, muchos, adolescentes entre ellos, compaginaban más las compras con Stradivarius. Montones de ropa veraniega se amontonan en cada percha de cada estantería del local. Ropa, zapatos, todo un sinfín de texturas para la piel, interior e exterior, según la etiqueta, a oferta. Nuevos bikinis, nuevos bañadores, todo lo que una buena marca de ropa podia ofrecer a sus consumidores. Tres chicas, adolescentes, juveniles y con una vida entera por delante, salían de Stradivarius con diferentes bolsas de un comercio distino. Zara, Punto y Roma, eran las tiendas por las que habían pasado. Necesitaban ropa para la fiesta de esa noche. La primera fiesta del verano. Un verano que iba a ser diferente para las tres chicas que entraban en ese momento en el Burger King. Nerea, Laura y Sandra, estaban en la fila mientras conversaban sobre la mañana en el Zoco
  • Estoy muerta. No sé si seré capaz de aguantar viva esta noche. Me duelen los pies -se quejó Nerea mientras avanzaban en la cola.
  • Venga, tía, no te vengas abajo. ¡Nos espera una gran noche! -exclamó Laura, la más alegre de las tres.
  • Lo dirás por tí, nena, pero es que yo, necesito descansar esta tarde sí o sí...
  • Está bien, después de comer, cada una a sus casas, a las ocho os quiero ver en la puerta de mi casa para ir a Mamaluna.
  • Eso me parece correcto -sentenció Sandra sonríendo. 
Las tres llegan hasta el mostrador. Una señora, no mayor, ni joven, les atiende. Gorra en cabeza y dedos en pantalla, contabiliza lo que las chicas iban a comer. Una vez terminado el pedido les pide el correspondiente dinero. 
  • Veinte con cincuenta y seis -responde, sonriendo a las muchachas que esperan la llegada de su pedido.
Las tres les dan las gracias y vuelven a hablar de lo que harán esa tarde antes de quedar para ir a la discoteca de moda en La Manga. Era difícil conseguir los pases que el padre de Laura había conseguido, y no irían solas, irían con Omai, Dylan y Julen, un Malagueño, un Catalán, y un pamplonica, tres amigos de las muchachas que conocieron el año pasado en la misma urbanización en la que residían en el verano. Y esa noche iba a ser la noche, al menos para Nerea, pues ya era hora de que empezara una relación en serio para dejarse de tonterías, era hora de buscar un futuro estable con una persona, y esa persona, podia ser el malagueño. Aunque su carácter y el suyo no tenían nada que ver, saltaría al vacío sólo por probar con él, porque aunque tiene la sensación de que puede ir bien, no quiere hacerse muchas ilusiones.  
  • ¿Qué pensáis vosotras?
  • ¿En qué?
  • En decirle esta noche a Omai lo que ya os conté.
Laura cruza la mirada con Sandra, para Nerea, aquel chico significa mucho más que un simple tonteo, es más, pueden asegurarse que gracias a las clases de tenis, el uno y el otro, sienten más que una simple amistad, y eso, a corto plazo puede resultar un inconveniente.
  • Nosotras, ya sabes lo que pensamos, Nerea, no debes hacerte muchas ilusiones, pero, si es tu decisión, adelante, nosotras vamos a estar pase lo que pase.
  • ¿Y si dice que no? ¿Y si después de todo lo que ha pasado entre nosotros dice que no?
  • En ese caso, estaremos a tu lado, y si hay que pegar a alguien, se le pega. Pero dejar a una amiga sola, eso nunca.
Nerea sonríe. Tiene la inmensa suerte de tener a dos amigas como lo son Laura y Sandra, sin ellas, estaría perdida desde hace ya mucho tiempo. Y es que por más que lo piense, si en un partido de tenis, el malagueño se tuviera que enfrentar a Cupido, ella ya sabe, quién saldría vencedor de aquel asalto. 
 
Una mañana en un punto de La Manga. 

  • ¡Omai, baja! ¡Te estamos esperando!
Es la voz de Julen. ¡Qué pesado! Coge su raqueta, y la mochila, con el nuevo móvil, las llaves, y las gafas de sol. Antes de una fiesta qué mejor que un partido completo de tenis. 
  • Un poco más tarde y se nos hace la hora de la cena.
  • ¿Tienes todo?
  • Cuando me enfrento a Rafael Nadal no se me olvida nada.
  • Parece una frase de un anuncio.
  • Nueve de cada diez frases tuyas, son tonterías, malagueño.
  • No me desprecies, Catalán.
Dylan se aproxima hasta ellos y se saludan. Los tres se dirigen hasta unas pistas de tenis que tiene su urbanización y descubren que no pueden jugar, alguien estaba jugando en su horario. Omai sabía quién era. Marcos del Río con el que había tenido más de un enfrentamiento estaba en la pista de tenis jugando con una chica.
  • ¡Teníamos reservada la pista! -exclama Omai 
  • Lo siento, malagueño, mi padre nos la ha cedido 
  • Yo la reserve mucho antes, así que fuera -el joven malagueño se estaba enfadando cada vez más.
  • Eh, malagueño, calma. Nosotros hemos llegado mucho antes.
  • Ya, pero nosotros, la teníamos reservada.
  • ¿Y qué? 
Esa chulería le puede. ¿Cómo puede ir por la vida yendo así tan de cabrón? No lo entiende y no lo entenderá nunca. Omai abrte la verja y entra dentro.
  • Te reto a un partido... Quién gane a dos set, se queda con la hora, quien pierda, tendrá que ceder su hora al ganador 
Marcos detuvo su saque al oír las palabras del malagueño. Su mirada, con el cejo fruncido, inspeccionaba si había alguna trampa en las palabras del joven, al no encontrar ninguna, esbozó una sonrisa torcida.
  • ¡Está bien! ¡Klaudia, descansa un poco! Voy a darle a este malagueño su merecido...
Y es que a veces hay que enfrentarse a lo que más tememos pero haciendolo en nuestro terreno. Omai sabía que tarde o temprano iba a tener su venganza. La venganza que se merecía Marcos tras haberle robado a su ex novia, la que ahora estaba dirigiendose hacia el banco contrario en el que estaban Julen y Dylan. El partido estaba a punto de comenzar. 

SINOPSIS

¿Soledad? ¿Amistad? ¿Celos? Un entramado de sentimientos que nos son habituales en nuestro pequeño gran mundo. Un grupo de amigos es lo que hace falta para aprender la canción de la vida a la que estamos destinados a entrar. Seis adolescentes con sus Canciones De Imposibles vivirán al ritmo del amor, las amistades, y por supuesto, de los celos, de los sentimientos, de corazones robados, y besos incorespondidos, entre nuevos idilios que nacen con sonrisas y miradas. Seis muchachos que aceptan su amistad con Canciones De Imposibles en un verano en el que Cupido empieza a jugar como si de Robin Hood se tratara.