La Gozadera de Gente de Zona suena por todo el recinto del Zoco, situado muy cerca, de la Plaza Bohemia. Aunque las tiendas estaban repartidas a lo largo de las dos plantas que constituían el pequeño complejo comercial de La Manga, muchos, adolescentes entre ellos, compaginaban más las compras con Stradivarius. Montones de ropa veraniega se amontonan en cada percha de cada estantería del local. Ropa, zapatos, todo un sinfín de texturas para la piel, interior e exterior, según la etiqueta, a oferta. Nuevos bikinis, nuevos bañadores, todo lo que una buena marca de ropa podia ofrecer a sus consumidores. Tres chicas, adolescentes, juveniles y con una vida entera por delante, salían de Stradivarius con diferentes bolsas de un comercio distino. Zara, Punto y Roma, eran las tiendas por las que habían pasado. Necesitaban ropa para la fiesta de esa noche. La primera fiesta del verano. Un verano que iba a ser diferente para las tres chicas que entraban en ese momento en el Burger King. Nerea, Laura y Sandra, estaban en la fila mientras conversaban sobre la mañana en el Zoco
- Estoy muerta. No sé si seré capaz de aguantar viva esta noche. Me duelen los pies -se quejó Nerea mientras avanzaban en la cola.
- Venga, tía, no te vengas abajo. ¡Nos espera una gran noche! -exclamó Laura, la más alegre de las tres.
- Lo dirás por tí, nena, pero es que yo, necesito descansar esta tarde sí o sí...
- Está bien, después de comer, cada una a sus casas, a las ocho os quiero ver en la puerta de mi casa para ir a Mamaluna.
- Eso me parece correcto -sentenció Sandra sonríendo.
Las tres llegan hasta el mostrador. Una señora, no mayor, ni joven, les atiende. Gorra en cabeza y dedos en pantalla, contabiliza lo que las chicas iban a comer. Una vez terminado el pedido les pide el correspondiente dinero.
- Veinte con cincuenta y seis -responde, sonriendo a las muchachas que esperan la llegada de su pedido.
- ¿Qué pensáis vosotras?
- ¿En qué?
- En decirle esta noche a Omai lo que ya os conté.
- Nosotras, ya sabes lo que pensamos, Nerea, no debes hacerte muchas ilusiones, pero, si es tu decisión, adelante, nosotras vamos a estar pase lo que pase.
- ¿Y si dice que no? ¿Y si después de todo lo que ha pasado entre nosotros dice que no?
- En ese caso, estaremos a tu lado, y si hay que pegar a alguien, se le pega. Pero dejar a una amiga sola, eso nunca.
Una mañana en un punto de La Manga.
- ¡Omai, baja! ¡Te estamos esperando!
- Un poco más tarde y se nos hace la hora de la cena.
- ¿Tienes todo?
- Cuando me enfrento a Rafael Nadal no se me olvida nada.
- Parece una frase de un anuncio.
- Nueve de cada diez frases tuyas, son tonterías, malagueño.
- No me desprecies, Catalán.
- ¡Teníamos reservada la pista! -exclama Omai
- Lo siento, malagueño, mi padre nos la ha cedido
- Yo la reserve mucho antes, así que fuera -el joven malagueño se estaba enfadando cada vez más.
- Eh, malagueño, calma. Nosotros hemos llegado mucho antes.
- Ya, pero nosotros, la teníamos reservada.
- ¿Y qué?
- Te reto a un partido... Quién gane a dos set, se queda con la hora, quien pierda, tendrá que ceder su hora al ganador
- ¡Está bien! ¡Klaudia, descansa un poco! Voy a darle a este malagueño su merecido...
No hay comentarios:
Publicar un comentario